AHORRO E INVERSIÓN
Los pecados del capital riesgo en la crisis
Las firmas de private equity empiezan a confesarse sobre su responsabilidad en la crisis financiera. Una de las más importantes, Carlyle Group, acaba de hacerlo por su cofundador, David M. Rubenstein, que ha reconocido públicamente que el capital riesgo también contribuyó a la burbuja financiera que desató la crisis mundial. "El capital riesgo contribuyó al problema", dijo Rubinstein en un encuentro de inversores en Dubai. "Creo que cometimos algunos errores".
Cuando el gestor de Carlyle decía estas palabras, en la memoria del sector financiero se recordaban los altos precios pagados por las private equity en operaciones de alto apalancamiento y escasa financiación propia. Eran tiempos de dinero barato y abundante que se prodigaba en comprar activos que luego se revendían o se colocaban en bolsa cargando con la deuda, no pocas veces desproporcionada, con que se financió su compra.
Durante la época de oro del capital riesgo, entre 2006 y 2007, el sector invirtió miles de millones de dólares con la misma estrategia: adquirir empresas mal gestionadas y poco endeudadas y darlas salida cuanto antes cargándolas con la nueva deuda empleada en su compra. Eran tiempos en que el private equity y la banca de inversión vivían una luna de miel que parecía no tener fin, eran los referentes del éxito financiero: uno elegía la pieza y la otra daba la financiación, aportando su creatividad en instrumentos financieros, y ambos salían en los periódicos detrás de una nueva operación multimillonaria que disparaba los múltiplos de la siguiente compra.
La situación ha cambiado radicalmente con la crisis y ahora muchas private equity se encuentran con que sus balances se han depreciado por la caída del valor de las participaciones que adquirieron y han de provisionarlas, y como resultado de la caída de los ingresos algunas tienen problemas para liquidar sus deudas. "Está claro que contribuimos un poco al pagar precios tan altos", afirmó Rubenstein. "La gente quería hacer más y más operaciones y hubo mucha atención puesta sobre las grandes adquisiciones". Carlyle tiene bajo gestión 86.000 millones de dólares. A raíz de la crisis y tras flexibilizarse la legislación para que el capital riesgo pueda invertir en bancos ha comprado participaciones en entidades financieras.
El sector del capital riesgo parece que empieza a remontar su actividad tras la profunda sequía crediticia. Blackstone Group, otra de las grandes firmas del private equity, ha anunciado recientemente que piensa sacar a bolsa a varias de sus sociedades, así como su rival Carlyle, una señal que los mercados han recibido como una recuperación y que lo peor de la crisis ya sería cosa pasada, lo que, por otra parte comparte Rubenstein, que pronostica que las economías desarrolladas empezarán a crecer a tasas del 2-3 por ciento, y las emergentes al 6-10 por ciento.
En cualquier caso, el capital riesgo deja atrás lo que probablemente fue una época dorada y se encamina, según el cofundador de Carlyle, a un futuro que se caracterizará por unas ambiciones financieras modestas, una gestión más transparente, tanto hacia los inversores como hacia los medios de comunicación, por la promoción de integraciones, y por nuevas fuentes de capital y deuda.