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Publicado el viernes 23 de octubre de 2009
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GÓMEZ, CON AGUIRRE

Ordóñez, mudo en la crisis en la que han metido Aguirre y González a Caja Madrid

Las ingentes cantidades de publicidad que controla González no le eximen de las críticas   

J. Hervás.– La guerra en torno a Caja Madrid, la cuarta entidad financiera española, sólo por detrás de los gigantes Santander, BBVA y "la Caixa", es de una gravísima irresponsabilidad en el actual momento de crisis y de reestructuración de las entidades financieras de todo el mundo. Pero lo es no sólo de la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre y de su vicepresidente primero, y presidente del Canal del Isabel II, Ignacio González, empeñado en pasar a presidir la caja. Lo es también del Banco de España. Y lo es, porque como ha advertido en innumerables ocasiones el presidente de la CECA, Juan Ramón Quintás, España tiene que tomar medidas de reestructuración y apoyo financiero de forma urgente, antes de que Bruselas cierre el grifo una vez que los grandes países de la Unión hayan cerrado su proceso de crisis, con inmensas ayudas de Estado a cuantas entidades lo han necesitado.

Tienen razón los representantes de los sindicatos CCOO y UGT cuando critican al Gobernador del Banco de España por ser tan insistente en pedir una reforma del sistema laboral español, sobre todo del que considera caro sistema de despidos, mientras no ha dicho ni una palabra de la politización de las cajas. ¿Cuáles son sus responsabilidades? ¿Por qué no las quiere ejercer? Como dicen algunos diputados populares críticos con Fernández Ordóñez. No le importa que se tenga que producir una reordenación del sector con miles de despidos, pero el mantenimiento de las prebendes de cuantos están en los órganos de gestión de las mismas entidades es sagrado.

Prender situar en la presidencia de Caja Madrid, como pretende Esperanza Aguirre, a su mano derecha en el Gobierno de la Comunidad y presidente del Canal de Isabel II, Ignacio González es una broma de mal gusto. Las alabanzas de algunos de sus asesores, a los que ha llenado el bolsillo en empresas dependientes del Canal, deberían como mínimo llevar a la presidenta madrileña a preguntarse si no está haciendo algo mal.  Y al Gobernador del Banco de España a asumir la responsabilidad de garantizar el buen funcionamiento de las entidades vitales del sistema. ¿No nos están advirtiendo desde una y otra parte del Atlántico que las entidades que pueden afectar al sistema hay que salvarlas, interviniendo si es necesario?

Los beneficios de Caja Madrid han caído en los nueve primeros meses casi el 45 por ciento. Pese al efecto revolving, la morosidad se sitúa en cuotas peligrosas. En un momento en que tendría que estar liderando alguna de las fusiones importantes entre entidades financieras para racionalizar el sistema bancario español, está envuelta en la mayor lucha interna que se haya conocido en el sector desde que en los años 80 un grupo de empresarios y/o financieros trataron de hacerse con el liderazgo de la banca en el que al día de hoy han resultado vencedores Emilio Botín y Francisco González. Este último gracias a la decisión política de José María Aznar y Rodrigo Rato de nombrarle primero de Argentaria y luego de imponer la fusión con el BBVA, razón por la que probablemente no ha conseguido todavía hacerse con la imagen de un banquero, por más millones de euros que hayan aplicado en su empeño sus variados equipos de asesores.

En luchas similares en el pasado fue el Gobernador del Banco de España quien con los poderes que le asigna la legalidad vigente trató de evitar males mayores. A Fernández Ordóñez no le faltarán nombres de personas que cumplan con las exigencias mínimas puestas ayer por la vicepresidenta económica del Gobierno y por el sentido común. Experiencia en el sector, entidad del candidato y capacidad de convertir esta cuarta entidad financiera española en un líder mundial como lo han conseguido Santander y BBVA.

Tiene menos responsabilidad en lo que está sucediendo, porque no está en la gestión ni de la caja ni de la Comunidad de Madrid, el líder del partido socialista en Madrid. Pero Tomás Gómez tendrá que explicar algún día antes de que los releven por qué no ha querido investigar la cuestionable gestión de Ignacio González en el Canal de Isabel II y por qué ha dado el visto bueno al acuerdo de una lista común que le ofrezca Esperanza Aguirre. Como advierten desde posiciones de responsabilidad desde el grupo parlamentario socialista del Congreso de los Diputados, o nos ponemos las pilas o vamos a estar toda nuestra vida en la oposición.