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Publicado el jueves 22 de octubre de 2009
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ANÁLISIS

La perversidad del actual modelo energético

Rafael Villaseca advierte sobre los riesgos de subvencionar renovables y régimen especial

Alberto Valverde.– La ocasión se la brindó el Foro de la Nueva Energía, que ayer se presentó en sociedad en un acto en el que faltaron algunos pero en el que no sobró nadie y menos José Blanco, que junto a Cándido Méndez parece que actúa, ya sin tapujos, como el auténtico viceprimer ministro de Zapatero. Y el catalán realmente la aprovechó, sorprendiendo con una exposición que por su didactismo logró cautivar la atención de hasta los más técnicos. "Era necesario dejar las cosas bien claritas porque la situación no es nada halagüeña para el sector", explicó en privado uno de sus colaboradores. Porque lo que ayer planteó Rafael Villaseca, consejero delegado de la nueva Gas Natural/Unión Fenosa, es la urgente necesidad de poner coto a la perversidad de una política energética, mal concebida y aún peor desarrollada, que puede hundir a este país en un auténtico desastre a plazo fijo, amen de llevarse por delante las empresas eléctricas y parte del entramado industrial.

El meridiano mensaje del ejecutivo gasista -ahora convertido en eléctrico con todos los honores- ha coincidido con el lanzado días antes, con algunos matices diferenciales, por el presidente de Iberdrola Ignacio Galán o, con el más cauto, por necesidades del guión, por Pedro Rivero, presidente de Unesa. Y consiste, en esencia, en algo muy sencillo. El actual sistema de subvencionar, vía el mal denominado regimen especial eléctrico, el desarrollo de las energías renovables bajo el proclamado y necesario objetivo de reducir las emisiones de C02, está generando más desequilibrios y daños que los que pretende resolver y puede conducir, en el horizonte de unos pocos años (él lo situó en el 2020, pero los efectos son ya tangibles en la actualidad), a la economía española a un mayor disparate que la búrbuja inmobiliaria (la comparación es mía).

De entrada, el negocio generado por las subvenciones a las energías renovables (que se financian, en su mayor parte, vía tarifas eléctricas) apenas beneficia a los promotores de las mismas y a la industria china. Y como muestra un botón: apenas el 3% de los paneles solares instalados en España el pasado año (la mitad de los que se colocaron en el mundo) fueron fabricados bajo la etiqueta de "made in Spain". El resto, en su mayor parte, procedía de China hasta el punto de que los fabricantes chinos han registrado en sus cuentas el inicial parón que se ha notado en España en las importaciones de paneles como consecuencia de la crisis económica. En otras palabras, con los paneles solares está pasando como con las bombillas de Sebastián, que benefician sólo a los chinos y a los intermediarios que las importan.

Los datos aportados por Villaseca son escalofriantes. En la actualidad (para más detalles sobre las estadisticas consultar la Sala de Prensa de www.gasnatural.com, donde está completa su intervención), el porcentaje de energía eléctrica producida en regimen de libre competencia apenas llega al 49%, estando el resto subvencionada o primada dentro del denominado regimen especial. En lo que va de año, un 28% de la generación eléctrica procede de renovables. De seguir las cosas así, la energía producida en mercado libre será inferior al 29% en el 2020. Porque, según Villaseca, lo perverso de esta situación es que los compromisos de subvenciones son para siempre, aunque se confie en que en algún momento las renovables (solares, eólicas, biomasa, amén de la autogeneración) puedan llegar a ser eficientes; es decir, rentables.

En la actualidad, las primas que reciben las energías renovables ascienden a 4.772 millones de euros. Representan más de la mitad de los costes asociados al sistema eléctrico y son un tercio de la tarifa. De esa cantidad, 1.692 millones corresponden a la solar, 1.311 millones a la eólica, otros 1.033 millones a cogeneración, y más de 700 millones, el resto. Hoy día, un kilowatio hora generado por energía fotovoltáica es diez veces más caro que el kilowatio medio del mercado y el eólico, algo más que el doble. Depender, además, "de si sopla el viento" no es factible porque las empresas tienen que garantizar la potencia del sistema para que no haya interrumpibilidad, lo que les obliga a tener en disposición de uso las energías tradicionales, como las nucleares, térmicas o a las de ciclo combinado. Puede llegar el día, si es que no haya llegado ya, en que se más rentable invertir en generación en Bugaria (por poner un ejemplo) que aquí porque allí la inseguridad en el cobro de la prima de riesgo en la inversión esté más garantizada que en tu propio país.

En materia solar y eólica hay más que argumentar. Según Villaseca, el necesario objetivo final de cumplir las exigencias de la Unión Europea de reducir las emisiones de C02 puede estar muy mal planteado ya que España se está convirtiendo en una especie de "laboratorio mundial de las renovables", con inversiones superiores a los 4.500 millones de euros en I+D+I anuales que, finalmente, son mejor aprovechados por otros países. En momentos además que este tipo de tecnología se hace obsoleta en pocos años, a veces en meses. El consejero delegado de Gas Natural se pregunta si ese objetivo de reducción de emisiones contaminantes no podría ser alcanzado de manera más eficiente mediante otras vías, como el desarrollo de otross mecanismos de captación de C02.

Todo este problema, además, se está generando en una situación del sector eléctrico que, aunque ya se ha comenzado a afrontar de manera efectiva por las recientes subidas de tarifas, soporta un denominado déficit tarifario acumualado de casi 19.000 millones de euros. El Gobierno se ha comprometido a ir resolviendolo paulatinamente con el horizonte de 2012, pero pese al esfuerzo de titulización por importe de 5.000 millones ya realizado, aún quedan 12.158 millones pendientes y embalsamados en las cuentas de las empresas.

Según Villaseca, "el sistema eléctrico español soporta unos costes asociados de más de 8.000 millones de euros derivados de decisiones de política energética, y más de la mitad de estos costes son las subvenciones al régimen especial que este año 2009 alcanzarán los 4.800 millones de euros". 

Todo ello en una situación de crisis económica histórica que, además, enturbia el balance de las empresas como consecuencia de la disminución de la demanda y, en consecuencia, de los ingresos. Las empresas están reduciendo sus beneficios netos, como no podría ser de otra manera en periodos de crisis, pero en una situación de dificultades financieras y de desequilibrios del negocio que puede conducir, ante la ausencia de incentivos en la garantía de las inversiones, a descuidar (por utilizar un término suave) la necesidades de renovación del parque de generación o la necesaria distribución. Y todo ello sin entrar en dabate sobre abandonos o renuncias previas a energías que, como la nuclear, están siendo muy eficientes en otros países competidores.

Como colofón, porque no lo hay sin conclusiones, el consejero delegado de Gas Natural aportó una serie de propuestas sobre las que basar el nuevo modelo energético sostenible, que van desde la mayor liberalización, la reducción de subvenciones y primas existentes, la remuneración adecuada del riesgo hasta la sostenibilidad política de las actuaciones de política energética, históricamente sometida a los cambios en la administración.