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Publicado el miércoles 21 de octubre de 2009
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Monitor de Latinoamérica

El país azteca se encuentra sumido en una de peores crisis de su historia

El relevo del gobernador de Banco de México, un reto para el Gobierno de Calderón

La comunidad financiera interpretaría mal un cambio en plena crisis económica.

Guillermo Ortiz banco de mexicoAlfred Greens.– El segundo mandato de Guillermo Ortiz como gobernador del Banco de México está a punto de terminar y de momento no hay ningún indicio de que vaya a ser confirmado. La gestión de Ortiz ha fortalecido la independencia del banco central mexicano frente a las presiones políticas, y contribuido a dotar de credibilidad a la institución. Las políticas de estabilidad macroeconómica y de consolidación fiscal practicadas en gran parte de Iberoamérica en los últimos años y el abandono de los modelos populistas de expansión del gasto y de la inflación se deben en gran medida a la labor de figuras como Ortiz, o a la de su colega brasileño Henrique de Campos Meirelles.

Del anecdotario profesional del mexicano se recuerda su intervención en la cumbre de Davos de enero del año pasado, cuando los primeros análisis de la crisis subprime de 2007 dibujaban una situación bajo control, con las economías emergentes desacopladas y tirando de las ricas, y un aterrizaje de la economía global sin bomberos. Pero la voz de Guillermo Ortiz destacó no sólo por su contundencia, sino también porque desmontó el discurso optimista de la cita internacional. "La crisis que viene será tanto o más grave que la de los años 30; para el tercer trimestre de este año pueden verse efectos muy preocupantes", asestó Ortiz a unos asistentes que le escucharon incrédulos.

Es el estilo de Ortiz, un estilo que si para cualquier gobernador de un país desarrollado sería normal y nada estridente, para un banquero central iberoamericano resulta incómodo y problemático para las autoridades políticas. Su acertado análisis sobre la profunda crisis que está sacudiendo a México y la transparencia y eficacia con que ha llevado a cabo la política monetaria le han ocasionado numerosos roces con el Presidente Felipe Calderón y su secretario (ministro) de Hacienda, Agustín Cartens.

Así, mientras las cifras gubernamentales estimaban una contracción de la economía mexicana del 5,5% para este año, las del Banco de México (Banxico) han estado en la horquilla del 6,5% y 7,5%. Frente a la gripe liviana que diagnosticaba el Gobierno por la crisis de EEUU, el cuadro clínico de Ortiz  era de neumonía. Otro motivo de fricción entre el banco central y el Gobierno afloró a mediados de 2008 sobre la política de tipos de interés. Ortiz decidió subirlos en contra de los deseos del Ejecutivo hasta el 8,25% a enero pasado desde el 7,5 % en junio de 2008, debido a  un rebrote inflacionario. Las presiones políticas debieron ser intensas en un momento en que la mayoría de las economías se dirigían hacia la recesión y las autoridades monetarias reducían el coste de la financiación a mínimos históricos. El estilo Ortiz se impuso y fue fiel a su mandato de mantener la tasa de inflación en el objetivo institucional del 2-4%.

A punto de agotar su mandato, que se cumple en diciembre próximo, se ha abierto la hipótesis de si el Gobierno confirmará a Guillermo Ortiz para otro sexenio que comienza el año que viene, u optará por un candidato con un perfil diferente. La decisión será probablemente una de las más difíciles a que se enfrente Calderón por la delicada situación de la economía mexicana, cuya dependencia del ciclo estadounidense la ha sumido en una aguda recesión.

Algunos analistas señalan que cuando Ortiz se hizo cargo del banco central, en diciembre de 1998, México sufría las secuelas de la crisis de la deuda de Rusia y Asia, una caída abrupta de los precios del petróleo a una media de 10 dólares el barril, una depreciación del peso cercana al 19%, un tipo de interés de referencia del 27% y una inflación que rozaba el 19%, aunque el objetivo oficial era el 12%. Cambiar ahora, en medio del temporal, afirman los analistas, al responsable de la política monetaria no es aconsejable dada la grave situación de la economía de México, la más afectada de la región.

Además, añaden, la figura de Ortiz, militante del opositor PRI, puede fortalecer el consenso institucional entre el gobernante PAN y el PRI, y porque las alternativas no parecen convincentes. Se habla del actual ministro de Hacienda, Agustín Cartens, pero suscita recelos en el PRI, y la comunidad financiera internacional podría ponerse nerviosa con un cambio en una cartera tan decisiva en plena crisis económica.