Monitor Ibérico
Lisboa confía en mantener todos los planes para el AVE e infraestructuras
Las constructoras lusas y españolas reciben con entusiasmo la victoria de Sócrates
El futuro Gobierno portugués tendrá que acudir a la obra pública para salir de la crisis
José Sócrates tendrá que campear la crisis y desarrollar las reformas estructurales y las grandes obras públicas proyectadas, ya sin la mayoría absoluta conquistada por el Partido Socialista (PS) en 2005. Sin embargo, con 36,56% de apoyo popular y 96 escaños (la mayoría absoluta está en 116) el próximo gobierno socialista minoritario tiene garantizada la estabilidad política y contará con margen suficiente para llegar a "acuerdos puntuales" con los partidos situados a la derecha y la izquierda del PS. Sócrates tendrá además a su lado une parte muy significativa del universo empresarial. Las empresas que más se regocijan con la victoria del PS, sin duda, son las grandes constructoras y concesionarias de infraestructuras, como Soares da Costa, Mota-Engil y Brisa: para resistir a la crisis, necesitan las grandes obras publicas proyectadas por los socialistas y que el Partido Social Demócrata (PSD) tenía la intención de replantear o de aplazar "sine die" en el caso de suceder al PS en el gobierno.
La reacción del presidente de Soares da Costa, Pedro Gonçalves, es muy llamativa: considera que el PS tiene mayoría suficiente para gobernar y avanzar con las grandes obras "sin tener que formar una coalición".
Ocurre que Sócrates sólo alcanzaría la mayoría absoluta creando un "bloque central" con el PSD, o pactando con el aún más conservador Partido Popular (CDS-PP) de Paulo Portas. En ambos casos, la coalición de centro-derecha actuaría contra los intereses de las grandes constructoras: Sócrates tendría ciertamente que reconsiderar o aplazar los grandes proyectos socialistas, que representarán más de 20.000 millones de euros de inversión en los próximos años, como el desarrollo de la red del AVE (Lisboa-Madrid, Lisboa-Oporto-Vigo) pactada en el 2003 con España, la construcción de 1.500 kilómetros de nuevas carreteras, el tercer puente sobre el Tajo entre Lisboa y Barreiros, y el nuevo aeropuerto previsto para el 2017 en Alcochete.
Sócrates podría también optar por una alianza con los dos grandes partidos situados a la izquierda del PS, el Bloco de Izquierda o la CDU controlada por los comunistas: lo mismo que el PS, ambos consideran que la inversión pública en infraestructuras es la vía mas idónea para sacar Portugal de la crisis y para luchar contra el paro, mientras que para el PSD y el CDS-PP el próximo gobierno tendría que atribuir la máxima prioridad al saneamiento de las cuentas públicas. Sin embargo, la idea de una coligación de izquierdas, que sería la primera del genero en Portugal desde la "Revolución de los claveles" (1974), es poco menos que surrealista, puesto que el PS y el BE necesitarían la CDU para alcanzar la mayoría absoluta.
Las constructoras y concesionarias lusas no son las únicas que se regocijan de la victoria del PS. Lo mismo pasa con las españolas, ACS, Sacyr, FCC y Ferrovial, que ante la grave situación del sector de la construcción en España buscan y encuentran en Portugal buenas oportunidades de trabajo: todas ellas integran los consorcios que disputan o tienen adjudicadas las grandes obras públicas proyectadas por los socialistas o están bien posicionadas para obtenerlas. FCC, por ejemplo, presento la mejor oferta para el tramo del AVE Lisboa y Poceirão y que incluye la construcción del tercero puente sobre el Tajo.
La derrota del PSD vino demonstrar, además, que el viejo victimismo luso anti-español no trae votos. Al contrario, pues, de lo que creía Manuela Ferreira Leite al denunciar que el proyeto del AVE Lisboa-Badajoz-Madrid sirve más los intereses de España que a los de Portugal. Con lo cual, el discurso de Sócrates, que siempre estuvo muy a favor de la inversión española y considera a Zapatero como "el mejor amigo de Portugal" salió reforzado del escrutinio del pasado domingo, lo que constituye igualmente una buena noticia para los grupos las españoles ya implatados o se presentan a los concursos públicos en el pais vecino.
Sin embargo, aunque las proclamas anti-españolas de Manuela Ferreira Leite quedaran desautorizadas por los electores, Sócrates siente ahora que tiene que prestar una mayor atención a otro fenómeno del mismo tipo: las empresas lusas afectadas por la competencia española llevan ya tiempo hablando de "competencia desleal" y hasta de "trampas" en los concursos. El primer ministro no tuvo pues más remedio que manifestar una "cierta preocupación", después de que un consorcio nacional haya acusado Galp de haber proporcionado información privilegiada a un grupo español para que éste presentara la propuesta más económica para la instalación de la infraestructura metálica de una refinaría en Sines.
El nombre de la empresa española en cuestión no fue aún divulgado, pero según la patronal lusa de la industria metalmecánica, ANEME, Galp sólo espera el momento oportuno para anunciarlo. La reforma de la refinaría fue confiada por Galp al grupo español Técnicas Reunidas, el cual tuvo que seleccionar la empresa que se quedará con el contrato de 250 millones de euros para la construcción de la infraestructura metálica. "Lo único que falta ahora es la luz verde del consejo de Galp", dice el presidente de ANEME José Guia, alertando que lo que está en juego es la creación en Sines de 2.000 empleos. Un argumento de peso, y que explicaría pues la supuesta "preocupación" de Sócrates. Galp, que realiza ya en España la mitad de sus ventas de carburantes y de gas, insiste por su parte en que el concurso para la obra de Sines se hizo con criterios rigorosos y transparentes. La polémica está servida.