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Publicado el lunes 19 de octubre de 2009
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UN BANCO EN EL RETIRO

'Delenda est Madrid'

Madrid 2016Por Luis Alcaide.– Sumemos los números que componen las cifras 2009 y 146: totalizan once ¿coincidencia astral trágica? Pues sí. En el 146, antes de Cristo, Escipión "el Africano" arrasa Cartago. En el 2009, Gallardón "el Madrileño" lanza sus legiones contra esta Villa cuya única defensa es una gran muralla de indiferencia ciudadana. Ha bastado un simple eslogan "tengo una corazonada" para anular la habilidad analítica de los madrileños y hacerles correr hacia la plaza de Cibeles o a la de Oriente. El despropósito de la corazonadita ha prevalecido sobre la virtud de la acción efectiva; el egoísmo de la indiferencia ha primado sobre el buen gobierno de la ciudad.

Cibeles, Plaza de Oriente -de nuevo la plaza de Oriente para concentrar nuestras lamentaciones, ahora olímpicas, en aquellos años 40, políticas, se había negado a España el ingreso en Naciones Unidas-, viajes a Copenhague de una representación oficial tan numerosa como patética, vestidita de verde esperanza.

Madrid sigue ahí, todavía, a la espera de nuevas acometidas. ¿Por qué esta lobotomía urbanística? Las molestias son insultantes, la amenaza a la actividad de muchos establecimientos comerciales, continua. Actuaciones de utilidad más que dudosa. Aparcamientos subterráneos en Serrano cuando el tráfico y la contaminación aconseja alejar a los automóviles; el servicio de autobuses, sin contar las horas punta, sobrepasa las exigencias de la demanda.

Reflexionemos por qué no sería razonable concentrar las actuaciones en administrar las obras ya realizadas. Recuerden las inundaciones de la Calle 30, cuando las lluvias tenían la cortesía de visitarnos. ¿Qué pasará cuando regresen? ¿Por qué tienen que esperar los jardines de superficie? Sencillamente para esperar a que se terminen otras iniciativas: aceras, aceras anchísimas donde menos te lo esperas y por donde no pasa casi nadie. La Plaza de Colón vuelve a ser Plaza de Colón, mientras la del Descubrimiento se quedará con sus carabelas varadas contemplando a los patinadores privilegiados frente a los atemorizados  viandantes.

Colón, el almirante petrificado, vuelve al centro del Paseo. Pero no mirará hacia el oeste sino hacia Atocha para contemplar el nuevo proyecto del Paseo de El Prado. Terror ante la remodelación para muchos de los vecinos de una zona en que los mayores son mayoría y están encantados con esos frondosos plátanos que ofrecen una sombra acogedora y cuyas hojas cambian de color con el paso de las estaciones, también temerosos porque los cedros maravillosos próximos a Velázquez no sean capaces de resistir la embestida de las legiones, también escandalizados por la vertiginosa rotación de flores todavía frescas y pimpantes.

Paseo de El Prado tan acogedor para los turistas que transitan entre Cibeles y el Jardín Botánico; turistas que se asoman al Barrio de las Letras -qué suciedad la de su pavimento, Sr. Alcalde!- o suben San Jerónimo arriba hacia la Plaza Mayor . Ya no la verán como coso taurino de los austrias sino como un apeadero de ese teleférico que rasgará las entrañas del viejo Madrid.

Madrid es una pequeña ciudad, simpática con unos excelentes museos y unos bares de tapas y copas que son todo un reclamo. Déjela en paz, Sr. Alcalde, porque Usted sabe muy bien que sus vecinos carecen de la virtud para la acción ciudadana. No se rebelarán y usted seguirá aprovechándose de esa indulgencia para continuar sus fantasías destructoras. No apague el fracaso olímpico, como Escipión, con un "Delenda est Cartago", o "... Madrid". Esta es mi corazonada.