El tiempo de vuelve contra los Salazar ante la presión de los acreedores
El culebrón de los Salazar y SOS puede acabar con el grupo alimentario desmembrado
Los inversores no quieren entrar en la matriz pero sí en sus negocios y filiales
Al grupo alimentario SOS se le acaba el tiempo. Antes de fin de año debe renegociar una deuda de mil millones de euros y las negociaciones para una ampliación de capital que ayude a cubrir el bache están en punto muerto. Por si fuera poco, los antiguos primeros directivos del grupo, los hermanos Jesús y Jaime Salazar, aparecen en público como si estuvieran peleados y los recursos judiciales entre ellos y el resto de los principales accionistas se acumulan en las mesas de los juzgados, desde los de lo mercantil hasta la Audiencia Nacional. La percepción del mercado, donde cotiza algo más de la cuarta parte del capital, no es muy buena, porque en algunos círculos próximos al grupo se empieza a hablar sin tapujos de la posibilidad de que acabe sus días disgregado y vendido por trozos.
La historia viene de lejos, pero no por ello deja de tener algunos rasgos diferentes. El grupo SOS aspiraba hace tan solo dos años a ser uno de los primeros de España y de Europa. Sus planes de expansión costaban dinero y las últimas grandes operaciones han dejado un rastro de deudas difícil de engullir ahora con el grifo de los créditos cerrado. Los bancos tienen cola para renegociar créditos de grandes empresas, pero también tienen sus prioridades. En el accionariado de SOS hay cinco cajas de ahorros (cuatro andaluzas y Caja Madrid) que entre todas suman una cuarta parte del capital del grupo, pero ni siquiera entre ellas hay consenso sobre lo que deben hacer.
La realidad es que SOS cambió su estrategia de diversificación por la contraria, la de concentración del negocio, justo cuando la crisis económica comenzaba a asomar las orejas. En el verano de 2008 compró a Unilever la marca de aceite y vinagre italiana Bertolli por 630 millones de euros. El crédito comenzó a escasear con el otoño y el préstamo ya firmado para financiar la adquisición (994 millones de euros) todavía colea. Visto que era imposible amortizar deuda con nuevos empréstitos había que tirar de la caja. En diciembre el grupo vendió Cuétara a su competidor Nutrexpa por 215 millones de euros, cien menos de lo que le había costado comprar la firma de galletas. Vender con pérdidas, por mucho que se disfrace de estrategia de concentración empresarial en el negocio del aceite, suele escamar a los analistas, a los inversores y a los accionistas.
Casualmente, coincidiendo con la venta de Cuétara, las sociedades patrimoniales que manejan los hermanos Salazar para administrar su patrimonio recibieron 212 millones de euros (una cantidad muy cercana a los 215 que recibió el grupo de Nutrexpa) en concepto de préstamo hecho por la propia SOS para comprar acciones del grupo. La intención declarada de los hermanos que dirigían la empresa es que con ese dinero iban a recopilar un número suficiente de acciones para vendérselas después a un fondo de inversión de un Estado árabe y así se lograría una nueva inyección de capital. La operación nunca se llevó a cabo y el préstamo salió a la luz. Los Salazar fueron destituidos y denunciados en la Audiencia Nacional, por donde han comenzado a desfilar los imputados y los testigos ante el Juez Andreu..
Los nuevos gestores del grupo se enfrentan ahora a una deuda que los Salazar no fueron capaces de renegociar y a una ampliación de capital, ya autorizada por la Junta General, pero que no tiene muchas posibilidades de obtener un éxito rotundo en el mercado. Dentro de la propia dirección del grupo aseguran que los actuales accionistas institucionales, incluidas las cajas de ahorros, no garantizarían más del 40% de la compra de las acciones nuevas cuando en total suman el 70% del capital de SOS. Y si los de siempre no acuden a la operación difícilmente se puede pedir a los ahorradores de fuera que apoyen al grupo.
Esta ampliación es más importante de lo que parece. Primero, porque su finalidad inmediata es cubrir las provisiones hechas con motivo del préstamo de los famosos 212 millones de euros a los Salazar. Y segundo, porque su éxito sería una especie de bálsamo para las negociaciones con los bancos acreedores que capitanea como asesor por decisión del nuevo equipo directivo, Credit Suisse, entidad encargada también de gestionar la ampliación de capital.
Últimamente, además, dos hechos han vuelto a reforzar la idea de que el futuro de SOS no pinta precisamente como un camino sin cuestas. Por una parte, el grupo ha tenido el nada honroso honor de convertirse en la primera entidad española cotizada en bolsa que anuncia a los poseedores de acciones preferentes que no les va a pagar el cupón de este año. Quienes hayan comprado estos títulos se quedarán sin percibir el tipo de interés del euribor a tres meses más un 2,5% adicional que era lo contratado. Como en todos los casos, las empresas pueden suspender el pago si tienen pérdidas, cosa que le ha pasado a SOS y se ha acogido a su derecho de quedarse con el dinero.
En segundo lugar, el jueves de la pasada semana surgió de repente el interés de Ebro Puleva para hacerse con el negocio arrocero de SOS, más centrado, según parece, en el sector aceitero. La bolsa reaccionó bien en un primer momento pero el viernes se desinfló de nuevo. Este tipo de operaciones muestras bien a las claras el interés de otros grupos de la competencia de hacerse con partes de SOS pero no de invertir en su capital. Y como las necesidades de dinero aprietan, son previsibles más acercamientos en las próximas semanas