INVERSIÓN Y AHORRO
El sombrío futuro de los planes de pensiones
La crisis y el alargamiento de la vida trastocan las proyecciones
Las gestoras de los planes de pensiones no ganan para disgustos. Al alargamiento de la esperanza de vida, que supone aumentar las dotaciones para atender períodos de prestación más dilatados, se añade ahora la crisis financiera que ha hecho incurrir a grandes gestoras en pérdidas importantes. El universo de los planes de pensiones probablemente nunca ha registrado tantos vaivenes como en las actuales circunstancias, caracterizadas por unos mercados que no acaban de consolidarse, dificultando la gestión de las carteras, y por el aumento de la esperanza de vida, que está trastocando las proyecciones de los actuarios y requiriendo aumentar las dotaciones para atender las obligaciones futuras de unos pensionistas más longevos.
La crisis financiera ha creado un agujero considerable en las optimistas previsiones de los planes de pensiones que cubren a colectivos como maestros, policías y otros grupos de funcionarios estadounidenses, cuestionando como nunca había pasado antes si esos sistemas públicos podrán atender sus compromisos futuros cuando se retiren los beneficiarios. El desplome de Wall Street ha provocado pérdidas tan cuantiosas en los sistemas de pensiones públicos de Estados Unidos que los expertos creen que no podrán enjugarse a menos que los gestores empiecen a ganar dinero o revisen a la baja las prestaciones, o ambas cosas.
Analistas prevén que el patrimonio de los fondos de pensiones en Estados Unidos no alcanzará para atender todos sus compromisos en un horizonte de 10 años. Para la consultora Pricewaterhouse Coopers esta situación podría llegar en 15 años. Tras sufrir unas pérdidas valoradas en un billón de dólares por el colapso de los mercados financieros, las diferentes administraciones estadounidenses se enfrentan a un doloroso dilema: o reducir las prestaciones derivadas de los planes o huir hacia delante con una gestión activa que consiga elevadas rentabilidades invirtiendo en activos de mayor riesgo.
Esta opción es la que podrían estar eligiendo algunas gestoras aprovechando el boom bursátil, y otras estarían regresando a las viejas prácticas previas a la crisis de técnicas de gestión arriesgadas, o colocando recursos en fondos de cobertura o en firmas de gestión alternativa que invierten en productos sofisticados, unas prácticas que demostraron ser catastróficas cuando estalló la crisis.
Ahora todo parece haberse olvidado para algunas gestoras que han vuelto a los viejos usos de antes de la crisis apostando por un rebote que les haga obtener grandes beneficios y remontar los déficit. Una técnica de negociación practicada por muchas gestoras antes de la crisis y que han vuelto a usarla ahora es la del préstamos de valores. Por ejemplo, un plan de pensiones presta acciones de su cartera a un hedge fund y recibe un beneficio a cambio, la gestora puede invertir este dinero en bolsa y seguir beneficiándose de la posible revalorización de las acciones prestadas y de sus dividendos.
Aunque las bolsas ahora parecen recuperarse, la estrategia en renta variable de las gestoras de planes de pensiones solo ha dado quebraderos de cabeza en los últimos años. Para atender sus obligaciones con los partícipes, los planes necesitan obtener una rentabilidad del ocho por ciento anual. El índice Standard & Poor's 500-stock ha perdido un 32 por ciento en la última década.
"El volumen que necesitan recuperar es enorme. Francamente, están obligados a seguir colocando dinero en esa clase de activos de altos retornos porque es la única esperanza", dice un experto de BNY Mellon Pension Services .
Pero el problema no se limita solo a los planes de pensiones públicas, una proporción elevada de planes empresariales externos también han registrado fuertes pérdidas o se encaminan a ellas si sus promotores no hacen aportaciones extraordinarias. En Reino Unido, los especialistas han advertido que el sector ha de acometer un mayor esfuerzo de capitalización por el alargamiento de la esperanza de vida. Según algunas firmas británicas, las empresas deben inyectar el año que viene unos 8.000 millones de dólares en sus planes de pensiones para poder atender las obligaciones de unos pensionistas que viven más.
El esfuerzo que ello va a exigir a las empresas en un momento en que no andan sobradas ni de liquidez ni de beneficios promete ser uno de los temas calientes de la agenda del próximo año. Por el momento, algunas empresas, como la de ingeniería Babcock International, se están cubriendo a través de contratos swaps, trasladando parte del riesgo por longevidad a bancos o a otras contrapartes. Alrededor del 30 por ciento de las empresas del FTSE 100 ya han elevado la esperanza media de vida de sus empleados, lo que obligará a aumentar las dotaciones para pagar la prestación. A 30 de septiembre, las obligaciones por pensiones de las 100 empresas del FTSE ascendían a 444.000 millones de libras, frente a unos activos de 366.000 millones.
El problema, afirman algunos expertos, no se limita a las pensiones de los funcionarios, sino también a los compromisos asumidos por muchas empresas con estrategias de alto rendimiento en sus planes externos que ahora han arrojado cuantiosas pérdidas. Al final, la patata caliente podría acabar en manos de los contribuyentes, si, como aseguran, el déficit es imposible de cubrir sea con la estrategia de inversión que sea.