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Publicado el jueves 15 de octubre de 2009
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ANÁLISIS

Los bancos centrales discrepan sobre cómo salir de la crisis

Japón y Australia inician la retirada de las medidas de apoyo económico   

J. Hervás.– La decisión de Australia de subir los tipos de interés medio punto y la de Japón de retirar parte del dispositivo de urgencia para relanzar la economía vuelve a plantear en Europa si el Banco Central Europeo debe iniciar ya algún tipo de movimiento para indicar a los mercados que está dispuesto a cambiar alguna de las medidas de política monetaria aplicadas para controlar la recesión económica que sufre Europa. Para España esta cuestión es mucho más que una pura cuestión académica. Si el BCE adelantara la subida de tipos, siguiendo las presiones de los países que consideran que ha llegado el momento de hacerlo, sería España uno de los que más sufriría la decisión. Con todo conviene enfatizar en que no parece que en los próximos meses vaya a cambiar la política vigente en la actualidad de tipos bajos y liquidez ilimitada.

El consenso de analistas parece interpretar que las medidas de Japón y Australia serán decisiones que no pasarán de ser una anécdota en el panorama internacional. Con todo, conviene estar sobre aviso. El compromiso de los países partícipes en la última reunión del G20 es el de mantener las ayudas hasta al menos la próxima reunión del mes de primavera que se celebrará en Canadá. Hay también otras razones para pensar que la actual política se mantendrá todavía un tiempo. Lo difícil es acertar por cuanto tiempo continuará en esta línea.

La primera de ellas para que siga el status quo, como acaba de advertirnos Moody´s, es que los sistemas financieros de muchos países son todavía frágiles, pese a la recuperación que están mostrando algunas entidades. Puede ser el caso de JP Morgan que ayer presentó una mejora de resultados de más del 30 por ciento. Pero nadie se atreve a asegurar que sin los apoyos y las garantías ofrecidas para la operativa de la banca, el inicio de la recuperación no acabe desmoronándose.  

El calentamiento de la economía, el pleno empleo o el descontrol de la inflación, signos que cuando aparecen hacen recomendar la subida de tipos de interés, no están todavía presentes en la actualidad. En todo caso son evidentes los signos contrarios. En cada declaración reciente de los responsables económicos nacionales o de los dirigentes de los organismos internacionales, se ha convertido en una muletilla advertirnos que la recuperación será lenta y muy tenue. Como también nos recuerdan que fue la retirada de las medidas de apoyo a la economía japonesa a mediados de los años 90 la causante de que se gangrenara la recesión en el cuerpo productivo nipón.

Aprendida la lección, el debate no deja de tener su interés. En Alemania ya se oyen voces que piden un mayor control de la política monetaria, siguiendo el modelo de política estricta del Bundesbank cuando era la entidad que fijaba la política monetaria alemana antes de la constitución del BCE. Los mercados quieren saber qué va a ocurrir. Y es importante que se les atienda. El buen comportamiento de los mismos tiene un efecto determinante en la variable del comportamiento de la confianza de los consumidores, determinante en economías como la española, donde el consumo juega un papel central.

Cual sea la decisión del Banco Central Europeo a partir del año próximo será determinante sobre la estrategia a seguir para salir del período actual de crisis por parte de las empresas, pero lo debería ser también para las medidas que deba adoptar el Gobierno.

Aunque la evolución de la economía y las previsiones de crecimiento para el año que viene son distintas para Europa o para Estados Unidos, lo que aconsejaría ritmos de aplicación de medidas diferenciadas, los economistas alertan de que podría ser un riesgo que se adopten medidas de forma unilateral, cuando los bancos centrales y los países se han puesto de acuerdo para ponerlas en práctica en el mismo momento para salir de la crisis.

El mayor riesgo que quieren evitar los bancos centrales de forma inmediata es que el exceso de liquidez pueda volver a generar una nueva burbuja en la economía mundial. No es descartable que los bancos centrales, incluido el BCE, empiecen a retirar desde el próximo mes algunas de las medidas de política monetaria no habituales, como pudiera ser restringir la liquidez sin límite. La banca española lo notaría. En los últimos seis meses las apelaciones al BCE por los bancos españoles ha crecido por encima del 60 por ciento y consiguiendo una cuota superior a la que le corresponde por su peso en la economía europea. Una restricción tendría efectos en la ya dura política de concesión de créditos, tan estricta para PYMES y particulares. España volvería a ser uno de los países más afectados debido a las ya duras condiciones de concesión de nuevos créditos.