Monitor de Coyuntura
Obama, frente a un EEUU que busca el fondo
La economía está en recesión con una extrema debilidad del consumo
La economía estadounidense está en recesión, anticipa un año 2009 muy débil donde predominarán los retrocesos y la recuperación se hará esperar. Desde el mes de septiembre los niveles de actividad sufren un intenso deterioro, que se ha añadido a la ralentización que había empezado en el cuarto trimestre de 2007. Si el producto interior bruto del tercer trimestre cedió un 0,4% interanual, las previsiones para el cuarto son de mayores descensos si cabe. Los riesgos a la baja están centrados en el consumo privado, que representa el 70% del producto interior bruto (PIB) y que en el tercer trimestre bajó un 3,7% intertrimestral anualizado. Los datos de octubre, correspondientes al cuarto trimestre, también apuntan a descensos similares.
El endeudamiento de hogares e instituciones financieras llega al 97% y al 117% del PIB, respectivamente.
Simultáneamente a esta situación de fragilidad de la demanda agregada, las tensiones inflacionistas se han disipado con rapidez. Al abaratamiento del petróleo se le añade un más significativo estancamiento de los precios en el resto de los sectores a causa de la menor utilización de la capacidad productiva. Por su parte, la Reserva Federal, tras hacer descender el tipo de referencia hasta un rango entre el 0% y el 0,25%, ve agotarse el recorrido de la política monetaria convencional. La política fiscal también tendrá su parte, vía reducción de impuestos o proyectos gubernamentales. Con los actuales indicadores de consumo privado cayendo de forma abrupta sin encontrar un fondo aparente, y con unos apoyos a la banca que siguen sin llegar a los otros sectores, existen temores de deflación, entendida como una caída continuada y generalizada de los precios motivada por una debilidad de la demanda que, sin embargo, no acaban de concretarse en las previsiones de los índices de precios.
El incentivo de evitar el fantasma deflacionista es mayor en una economía endeudada. La crisis ha cogido a los hogares y a las instituciones financieras con un endeudamiento bruto del 96,5% y del 117,2% del PIB en dólares corrientes, respectivamente, y la economía estadounidense es un deudor neto frente al exterior. Un deudor teme el descenso generaliza-do de los precios porque disminuye el precio de todo menos el valor de su deuda contraída. Un acreedor teme la subida de los precios, donde todo se encarece menos lo que le han de devolver. Con tales incentivos, puede darse a más largo plazo una sobrerreacción de las medidas correctoras que podría generar importantes tensiones inflacionistas.
Los consumidores permanecen anclados en el pesimismo; las ventas minoristas evolucionan a la baja.
Este escenario sombrío se refleja en el ánimo de los consumidores, como lo expresa el índice de confianza del consumidor del Conference Board. Después del mínimo histórico de octubre, en noviembre el índice se recuperó sólo ligeramente hasta los 44,9 puntos, gracias a una mejoría en las expectativas que no se dio en la percepción de la situación presente. En este contexto de debilidad de la demanda, las ventas minoristas de noviembre tuvieron un inesperado repunte después de tres meses consecutivos de descensos, aunque, sin automóviles ni gasolina, quedaron un 0,3% por debajo del nivel del mismo periodo del año anterior, lo que, descontando las variaciones de precios, se traduce en una disminución del 2,2%. Entre los sectores más débiles destaca la bajada del 25,2% interanual de las ventas de automóviles y la del 10,9% de mobiliario y menaje del hogar, lo que ilustra la precaria situación de las ventas de bienes duraderos.
Los empresarios empeoran drásticamente sus previsiones hasta mínimos históricos.
La visión empresarial, reflejada en el índice de actividad del Institute for Supply Management, siguió mostrando el escenario de recesión profunda que se ha superpuesto a la tendencia bajista que había venido predominando a lo largo de todo 2008. Así, el índice de manufacturas bajó de 38,9 al nivel de los 36,2 puntos, muy por debajo del nivel de equilibrio de los 50,0 puntos, que se considera el umbral que señala riesgos de recesión. Por su parte, el índice de servicios encadenó un segundo mes consecutivo de fuertes retrocesos, pasando de 44,2 al nivel de los 33,0 puntos, el mínimo absoluto del indicador desde su inicio en 1997. En ambos casos se evidencian fuertes descensos en los componentes de empleo y nuevos pedidos, especialmente en los de exportación. En precios, en cuatro meses se ha pasado de un escenario de tensiones inflacionistas a los mínimos históricos desde los inicios del indicador, que en manufacturas se remontan al año 1948.
La construcción sigue sin tocar fondo debido al exceso de oferta acumulado. El sector de la vivienda sigue sin tocar fondo. Por el lado de la demanda, el precio de los inmuebles sigue disminuyendo la riqueza percibida de muchos consumidores. El índice Case-Shiller acumula un retroceso del 23,4% respecto al máximo de junio de 2006. Teniendo en cuenta la subida acumulada del índice de precios de consumo (IPC) desde entonces, los inmuebles presentan una pérdida del 29,0%, un correctivo que supera ampliamente el descenso del 21,9% que se dio entre agosto de 1989 y marzo de 1994, correspondiente al anterior ciclo bajista de la vivienda. El incremento de inmuebles subastados ha contribuido a estabilizar el número de transacciones, que desde octubre de 2007 parece haber tocado fondo. Sin embargo, el exceso de oferta acumulado y el retroceso de los ingresos de las familias con relación al precio de los inmuebles siguen impidiendo que el sector de la construcción toque fondo. Las viviendas iniciadas en noviembre retrocedieron un 18,9% respecto a octubre, un descenso interanual del 47,0%, y las 625.000 viviendas iniciadas, en términos anuales, constituyeron un mínimo histórico desde la introducción del indicador en enero de 1959. Apuntando en igual dirección, los permisos de construcción, su indicador adelantado, descendieron un 48,1%.
El mercado laboral acentúa su deterioro, con 1,9 millones de empleos perdidos.
El consumo privado y la compra de inmuebles dependen de la renta disponible de las familias y ésta, para una gran mayoría de hogares, depende a su vez del mercado de trabajo, que en estos momentos está en caída libre. En noviembre, se destruyeron 533.000 empleos y la revisión añadió 199.000 a los perdidos en los dos meses previos. Así, en el periodo enero-noviembre desaparecieron 1.911.000 empleos, de los que dos terceras partes se concentran en los tres últimos meses. Por su parte, la tasa de paro de noviembre llegó al 6,7% de la población activa y la tendencia es al alza. En este contexto cobra especial relevancia la precaria situación de la industria del automóvil estadounidense, que el mes pasado fue incapaz de presentar un plan de reestructuración creíble que permitiera al Senado dar luz verde a las ayudas económicas, necesarias para hacer frente a sus acuciantes necesidades de liquidez. Una quiebra de los tres grandes de Detroit afectaría, incluyendo los trabajos indirectos perdidos y los pensionistas, entre uno y tres millones de familias, con unas implicaciones para la demanda que superan el estricto ámbito bursátil.
La inflación se modera con rapidez y baja al 1,1%, pero el déficit comercial se resiste a la corrección
Por el lado de los precios, hoy por hoy, las tensiones inflacionistas se desvanecen aunque la deflación aún se antoja lejana. El IPC de noviembre retrocedió un 1,7% respecto a octubre y el índice subyacente, el general sin alimentos ni energía, sumó su segundo mes consecutivo de práctico estancamiento, cuya causa está más en la languidez de la demanda agregada que en los vaivenes del petróleo. Las variaciones interanuales moderaron sus avances y se situaron en el 1,1% y el 2,0%, respectivamente.
El sector exterior no está siendo un revulsivo para la economía y sigue perdiendo fuerza a causa del menor crecimiento global. Pese a la debilidad de la demanda interna, la balanza comercial de bienes y servicios arrojó en octubre un déficit de 57.190 millones de dólares, un 1,5% por encima del mismo periodo del año anterior. Las exportaciones intensificaron su proceso de desaceleración, creciendo un 5,3% interanual, un ritmo que apenas es la cuarta parte del de tres meses atrás. Así, a pesar de la ralentización importadora, el déficit de la balanza comercial excluyendo el petróleo sigue estancado con pocas variaciones respecto a su nivel de octubre de 24.498 millones de dólares.