Monitor de Latinoamérica
Petroecuador, el Titanic corsario de Correa
-Telmex juega al escondite con Telefónica
Es más fácil tirar por la borda al capitán y culpar a las olas. Y ahora que la nave de Petroecuador está sumida en una crisis de producción, exportación y gestión bajo manu militari eso es lo que Rafael Correa ha vuelto a hacer. Ordena a toda maquina, pero navega sin timonel, con los motores a medio gas, sin poder contener las vías de agua de la ineficiencia, la deuda y la corrupción -el propio comandante Zurita dixit- y arremete sin complejos contra todo el que se mueve por el mar petrolero ecuatoriano. Pero la bandera corsaria ondea a media asta, el mando castrense no ha conseguido hacer de lo que Correa llamó su “batalla petrolera” más que un alarde bélico contra sí misma.
El capitán -el contralmirante Fernando Zurita- ha sido el primero en abandonar, seguro de que las vías de agua son imposibles de reparar, consciente de que la hoja de ruta -que aspiraba a superar la caída del 9,8% de la producción en 2007 y a llegar a 200.000 barriles en 2008- no es más que un espejismo. De la mano del contralmirante Luís Jaramillo (hasta ahora director general de la marina mercante) Correa da alas a sus complejo de Titanic, se aferra a su retorno a la OPEP, pero la que iba a ser el ancla del buque insignia del oro negro ecuatoriano es una balsa a la deriva, sin más rumbo que la dependencia de los ensueños bolivarianos y el abordaje de las multinacionales, de las que depende el 45% de los 520.000 barriles de crudo diarios del quinto productor de petróleo de la región. Remolcada, si quiere salvarse, por el empuje de los dólares y los euros, los mismos de los que no sólo espera el núcleo de la inversión en hidrocarburos, sino la financiación de sus ensueños como el de Manabí - la mayor refinería del Pacífico-. Ajeno a las dimensiones de su buque insignia, urgido de soluciones para los problemas de abastecimiento en su economía, Correa no se resiste a planificar ‘cruceros de lujo’ y ejercicios de exhibición con su titánic petrolero. Lo ha hecho con Cristina Kirchner. Y lo hace, sobre todo, con Hugo Chávez.
La bitácora dibuja el rastro de una nave perdida, que agota la fuerza de sus motores. A Ecuador, que ha regresado de cráneo al redil de la OPEP, de poco le ha servido que las aguas mansas del mercado internacional y los vientos a favor del precio del crudo. La crisis es sólo una nueva vía de agua en una compañía de la que Correa pretendía hacer el buque insignia de la soberanía petrolera, pero que ha convertido en una nave que pierde a borbotones todos los lingotes de inversión que le llegan. Un ‘barco corsario' que dispara cañonazos contra las multinacionales y niega ahora la bandera de la jurisdicción internacional al empeñarse, acosado por las denuncias, en desconocer la potestad del CIADI para resolver sus contenciosos energéticos con las trasnacionales. Para desgracia de Correa, que niega los icebergs a los que se enfrenta su titánic energético, es el diagnóstico del propio Zurita- antes de que lo dimitieran- el que reconoce que la declinación natural de los campos de extracción, la ausencia del crudo esperado en algunos campos nuevos, la parálisis de las seis torres de perforación que debían haber entrado en funcionamiento en enero y los problemas administrativos hacen imposible que la nave vaya a todo trapo. Ni siquiera sus botines piratas- acaba de comenzar a explotar el Bloque 15 de la Amazonía, el mismo que a la Oxy le producía 100.0000 barriles diarios- alimentan sus motores. En diciembre del año pasado, la producción petrolera había sido de 175.303 barriles por día. En abril esa cifra cayó a 169.011 barriles.
La meta de principios de año era alcanzar un promedio de 180.000 bpd. Pero la realidad se aleja de los mapas de Petroecuador: si a inicios de año se había proyectado un crecimiento de la producción estatal del 8,5% respecto al 2007, en los cuatro primeros meses de este año se redujo un 4% respecto a lo generado en enero pasado. En un país en el que el sector energético representa un aporte del 20% del PIB, el Estado hace frente a una factura para la importación de derivados que supone el 42% de su presupuesto estatal. El consumo energético crece a un promedio anual del 3,1% y Petroecuador sigue navegando a vela, impotente ante los campos maduros en proceso de declive y ante la imposibilidad para explotar los yacimientos que hoy no se encuentran en producción. La dependencia del crudo es cada vez mayor: el 50% de los ingresos del estado proceden de él; su venta financia casi el 35% el presupuesto fiscal, pero el Banco Central reconoce que a la vista de la caída de la producción el sector -al menos un 6% respecto a 2006- y de los resultados de Petroecuador, el horizonte no es halagüeño: al final del año la caída de su producción y exportación puede ser del 11%. El plan energético hasta 2010 prevé una inversión en la empresa estatal del orden de 2.197 millones de dólares al año, de los cuales la mitad tendrá que destinarse a desacelerar la caída de la producción en los campos petroleros maduros. Ni en sus mejores sueños de jeque saudí Correa y sus almirantes vislumbran nada mejor que a rozar antes de junio una producción sostenida de entre 174 000 y 180 000 barriles de crudo diarios.
Los problemas no son nuevos en la petrolera. Incapaz de enderezar la maldición de la estatal, ni de estar a la altura de sus necesidades energéticas, Correa trata ahora de emular el golpe de timón de Chávez en PDVSA. De ella ha copiado la politización, la militarización y la habilidad para achacar a los fantasmas del pasado, del extranjero o del capitalismo los males de la empresa. Pero atada de manos, se ha convertido en el paradigma de la baja capacidad de autoabastecimiento, la descapitalización y la desinstitucionalización del sector energético ecuatoriano. Se esperaba la llegada de dos torres venezolanas hasta febrero, pero nunca se dio. Además, se sumaron problemas eléctricos en 37 pozos, sin contar con los engorrosos procesos de contratación, los mismos que han incrementado en casi 500 nuevos marinos la plantilla de Petroecuador y han sellado el círculo de la ineficiencia: los bachilleres han terminado con cargo de analistas económicos y técnicos en ingeniería,
La rehabilitación de la Refinería Estatal Esmeraldas se ha convertido en el paradigma de todas las vías de agua que hunden a Petroecuador: es lo más desastroso de la gestión de los marinos, aprobada cuando Iván Rodríguez era ministro de Energía y Minas, Galo Chiriboga presidía Petroecuador y César Hidalgo estaba a cargo de Petroindustrial. De ese acto político-administrativo han pasado casi dos años y el problema empeora a la misma velocidad que la impaciencia presidencial. Uno de los hornos opera con un tubo roto, en plena zona de candela (o de radiación). No me entendieron: se arriesga una peligrosa inflamación del horno. Uno de los trenes de desalado está averiado, eso significa que se profundiza hasta límites inimaginables la corrosión del área de refinación primaria. Los costos de reparación crecen exponencialmente. Unos meses atrás, se dañó la calidad del combustible de aviones (jet-fuel), bueno, hubo que gastar decenas de millones de dólares en importación. Es para la amargura el actual porcentaje mínimo de uso productivo de la capacidad instalada de la refinería. Cinco de esas 12 unidades de producción no operan.
DELIRIOS DE GRANDEZA
Obsesionado con el mantra de la soberanía nacional, Correa ha perdido el mapa del tesoro petrolero y desprecia -Bolívar manda- los consejos de los analistas que sugieren crear una nueva estatal, con una emisión de acciones, o al menos con autonomía financiera y administrativa, con mecanismos de control y la eficiencia por bandera. Tiene un plan mejor: nada de criterios productivos o energéticos, proclama a voz en cuello que de ahora en adelante la política de concesiones petroleras se hará con "alianzas estratégicas con países amigos y empresas estatales" y dejará de lado la contratación de otras épocas con multinacionales privadas. Dicho y hecho. El campo Sacha ya está en manos de Pdvsa, Quito está dispuesto a conceder la explotación de los campos maduros a los gobiernos de China e Indonesia y la India y Chile aguardan en lista de espera, abrillantando su bolivarianismo.
Correa amarra su barco petrolero a la suerte de Pdvsa. Auxilio entre ahogados. Trata de que el buque insignia del petroreino chavista arrastre a la nave ecuatoriana. Acaban de ampliar el convenio de mayo de 2006, que hasta ahora les ha permitido navegar por las aguas del canje de petróleo por derivados, ante la falta de capacidad de las refinerías ecuatorianas para cubrir la demanda interna. De ahora en adelante su horizonte se llama 100.000 barriles diarios y planes para navegar en las nuevas aguas del suministro de combustibles para el mercado nacional y aprovechar el intercambio de tecnología y conocimientos entre las dos petroleras estatales. Ebrios de la euforia naval que ha dejado a Petroecuador en manos de la marina, sueñan además con un buque insignia conjunto que hermane sus ambiciones en la OPEP: nada menos que la construcción en Manabí de la que se perfila como la refinería de crudo más importante del Pacífico, con una capacidad inicial para procesar unos 300.000 barriles por día, y que incluirá una planta petroquímica. Consciente de que si quiere sostener el 51% del proyecto Correa necesita 5.000 millones de dólares- la mayor inversión de la historia del país- apunta a los mismos que no deja de torpedear: la constructora internacional que gane la licitación deberá asumir el 70% del costo de edificación de la refinería y dejar en manos del Estado sólo el 30% restante.
Pero Chávez ya le ha demostrado en carne propia- Ecuador aún espera las torres de explotación venezolanas- y en la piel de Sidor y de Petrobrás el destino de sus planes imperiales: El idilio energético, el que Pdvsa y la estatal brasileña estaban llamados a oficiar, no ha conseguido dejar de nadar en la nebulosa de las buenas intenciones. Finalmente, la participación de Petrobrás en el campo venezolano de Carabobo será en el mejor de los casos, de sólo un 10%. Aún no se han determinado los detalles del proceso de producción y distribución de combustible de la refinería José Abreu e Lima, en Recife, esa misma que Chávez presenta como la joya de su dote a los ojos de su padrino brasileño. Pero desde su génesis, desde que hace tres años Pdvsa y Petrobrás comenzaron a cocinar el acuerdo, ese 40% con el que Caracas debe participar en los 4.050 millones de dólares de coste total está más que enmarañado. De hecho, Brasilia no seguirá esperado más a que a Caracas le salgan las cuentas, lastradas por los problemas de Pdvsa. La brasileña ha comenzado ya la construcción de unas instalaciones que se nutrirán de la mitad del petróleo venezolano, lo que permitirá equilibrar la maltrecha balanza comercial. Y planea una segunda refinería en Maranhao, con o sin Venezuela.
El Palacio de Carondelet entona su particular "a mí la legión": La OPEP, después de pasear por las zozobras del buque insignia de la energía ecuatoriana, promete capacitar en Austria a los técnicos de Petroecuador y entrenar a un equipo local en la construcción de refinerías. La necesidad obliga y paradojas del credo bolivariano, el rey de la soberanía nacional ecuatoriana, dejando su titánic petrolero en manos de la ayuda internacional. Dependencia, la de los inversores internacionales y la sociedad con las multinacionales, de las que- ya puestos a pedir- espera 1.000 millones de dólares de inversión este año. Dependencia la de asesorías como la de la firma escocesa Word Mackenzie Limited, que inició el trabajo el pasado 6 de marzo para tratar de recomponer la sala de máquinas de Petroecuador y que le costará a las arcas del Palacio de Carondelet casi 5 millones de euros.
Pero Quito está más cerca de la crisis energética de la Paz que de la autarquía de los bolidólares. Y Petroecuador navega en las mismas aguas que YPBF. La renta petrolera no abona la competitividad, está propiciando un sector privado anímico y ralentizando el crecimiento, que en 2008 estará por debajo del 3%, uno de los más bajos de la región. Las amenazas de ‘correazos', el impuesto a la salida de capitales y el mayor control estatal tienen nerviosos y recelosos a los sectores productivos, los bancos, las empresas nacionales y los inversores internacionales. Agresiva, la ‘tripulación' no deja de disparar a todo el que se acerca, a pesar de que han sido los capitanes foráneos los que han henchido sus banderas. Las empresas privadas invierten 7,8 dólares por barril, mientras que Petroecuador navega con una inversión unitaria de 0,70 por barril. En los últimos diez años, Petroecuador ha invertido 967 millones, menos de la cuarta parte de los 4.600 millones aportados por las multinacionales, a pesar de que en las manos de la estatal están el 80% de las reservas.
Paradojas del populismo, Correa se aferra de uñas y dientes a sus recursos energéticos, tanto que es capaz de asfixiarlos para que nadie más participe de ellos, pero ha tenido que comenzar a empeñar las ‘joyas de la familia'. Ha comenzado, por fin, después de medio año de requiebros, a servir los platos del régimen de su reforma petrolera. Serán "lentejas" para las multinacionales, abocadas a escoger entre la continuidad de sus inversiones -si es que quieren seguir en tierras ecuatorianas- o una tocata y fuga en clave bolivariana. El Gobierno compensará a las que no deseen firmar los acuerdos transitorios ni renegociar sus condiciones con el Estado, pero la letra pequeña del puente de plata pasa por el peaje de la renuncia a sus denuncias internacionales si quieren llevarse en sus maletas algún "justiprecio", osea el que el Palacio de Carondelet quiera. Sólo las que permanezcan a la mesa- Repsol-YPF ya ha anunciado que lo hará- podrán aspirar a cambiar el rumbo del decretazo de 2007 en virtud del cual el Estado se queda con el 99% de las ganancias extraordinarias del crudo por un impuesto del 70% mientras negocian una nueva -oficialmente definitiva- relación contractual. Sísifo de las pesadillas de las multinacionales, pasa de la negociación al chantaje y vuelta a empezar. Aprieta pero no quiere ahogar, no vaya a ser que la inversión que quiere para su nave petrolera salga por la ventana. O peor aún, que lo haga después de haber ganado algunas de las demandas que se acumulan en ese CIADI que trata de repudiar. No quiere que se repita la pesadilla de City Oriente, que transita ya la senda abierta por la Oxy- que le demostró al ecuatoriano las líneas rojas de su baile de máscaras y ha cobrado su indemnización- y del Ciadi, que ha admitido a trámite su demanda al Estado ecuatoriano por incumplimiento de contrato.
Pirata, al fin y al cabo, sin bandera, Rafael Correa patea el tablero y desconoce al CIADI No quiere para su buque insignia energético ningún otro pabellón que el de las tibias y la calavera de sus ensoñaciones populistas. Hincha la bandera corsaria y aprieta los dientes para que Petroecuador no acabe como el Titánic.
Telmex juega al escondite con Telefónica
Ilusionista del humo, Slim renquea, patalea a lomos de las prebendas de su posición dominante en un mercado del que se nutren todas sus operaciones latinoamericanas. Un latifundio fertilizado hasta ahora con su posición de predominio, los problemas de interconexión que fomenta para sus competidores como Telefónica, la secesión de Telmex para blindar sus prebendas y las debilidades de los reguladores para imponerle la ley al magnate mexicano. Se resiste -a medida que ve cómo avanza el boceto de reforma de las telecomunicaciones de Calderón- a ponerle puertas a su feudo, tan cercano al monopolio en la telefonía fija. Si ya consiguió durante casi dos años zafarse de las resoluciones del Cofitel, ahora que es la Secretaria de Comunicaciones y Transportes la que obliga a Telmex a interconectar a GTM (la filial de Telefónica) de inmediato, busca los requiebros para que la conexión siga siendo un horizonte ideal, que no acaba de llegar. Al menos no, sin complicaciones. Está decidido a seguir siendo el gusano en la manzana de las conexiones. Alegando alteraciones en los códigos de comunicación entre redes, Telmex comenzó conectando a GTM tan sólo en cuatro ciudades, dejando de lado nada menos que el DF. Ahora asegura no tener noticia de 15 ciudades más en las que debe interconectar a Telefónica. Dribla la competencia, el precio por el servicio de telefonía fija que ofrecerá GTM oscila entre 89 pesos, mientras que en Telmex, la renta básica es de casi 200 pesos.
Rey de la captura regulatoria, lo suyo es un estado dentro de otro estado, no ha acatado las disposiciones de su título de concesión que le marcan llevar a cabo una separación contable, lo que -como denuncia Francisco Gil Díaz - provoca que "continuamente esté cruzando subsidios", Más allá de los flujos desproporcionados de efectivo que genera el monopolio, de la falta de competitividad y de la epidemia de prácticas depredatorias, destapa las dimensiones de un poder en sí mismo que ha podido influenciar políticas públicas y evitar las que le perjudican.
Pero ni siquiera sus prebendas y la escisión orquestada a finales de 2007 le han permitido lucir cuentas: Su propio reino de taifas de la telefonía se le vuelve día a día un entorno más hostil Telmex, la joya de la telefonía fija mexicana de Slim, ha visto cómo sus beneficios netos caían en 2008 un 26,7%, ante un descenso de sus ingresos por servicios locales y de larga distancia. Ni la competencia de los operadores de telefonía local y móvil, ni la migración de accesos a internet por marcación (dial-up) hacia los servicios de banda ancha han respetado las pretensiones del magnate. Adiós a la época dorada de América Móvil, adiós a un crecimiento anual del 42% en ingresos en los últimos 7 años y una penetración de mercado en América Latina que pasó de 12% a 69% desde el 2000.
Pese a que América Móvil - con 159.2 millones de suscriptores celulares y 3.9 millones de líneas fijas en el continente americano- registró un incremento de 20.6% en el número de suscriptores- hasta los 159.2 millones de usuarios- y aunque los ingresos aumentaron un 20.6%, el estirón de los tentáculos de Slim no ha sido suficiente para compensar las menores tarifas y los costos asociados con el lanzamiento de la red 3G. América Móvil espera alcanzar un crecimiento anual compuesto de 16% a 18% en sus ingresos consolidados en los próximos 5 años, una desaceleración importante para la compañía líder en la telefonía celular en América Latina. Pero es el fin de sus privilegios y la competencia lo que más le duele: lo que llama "entorno regulatorio adverso" no son más que las investigaciones de la Comisión Federal de Competencia (CFC) a la que le llueven las demandas de investigación por monopolio y posición dominante de Teléfonos de México- que maneja el 94% del mercado en el sector de línea fija; las denuncias por monopolio y posición dominante de otras operadoras y la voluntad del presidente Felipe Calderón de cumplir con la promesa de mejorar la competencia del sector y abrir totalmente el mercado de la telefónica fija al capital extranjero. Contraria a la posición de Telmex, la Comisión Federal de Competencia (Cofeco) consideró que la empresa no puede entrar aún al mercado de la televisión y Slim se enfrenta, además, a los problemas de la portabilidad numérica.